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Desde chicas particulares a clubes ocultos en semisótanos, pasando por consultas de masajistas con final feliz. Si esa gran manzana roja es la micronación de los burdeles, su capital es el Paseo de las Delicias.

Allí se encuentran casi la mitad de los lupanares. Y la densidad la disparan dos bloques: Antaño también tuvieron residentes, pero la prostitución fue ganando metros hasta que los echó a todos. Es un edificio muy viejo, de casi años y sin ascensor.

Tiene 4 plantas con 4 pisos cada una. Parece que tuvo tiempos mejores. Ahora huele a rancio y da la sensación de que se va a caer a trozos. Al pasar el portal hay unas escaleras que suben al primer rellano, donde te reciben 4 puertas de madera carcomida. Deduzco que peruano, porque lleva una camiseta del Sporting Cristal. Pero parece que no. El , como cualquier otro supermercado, hace un horario muy parecido a un Eroski: El siguiente día me planto en la puerta del a las 9 de la mañana.

Hoy no me pilla el toro. Luego pienso que igual voy a parecer muy desesperado llegando el primero. Prefiero gastar media hora tomando café en la terraza de al lado y observar. En ese rato veo entrar hasta a cinco hombres al edificio. En los foros de prostitutas que los hay y con una cantidad de información ingente sobre el sector avisan de que en la puerta del hay un tipo con un bate de béisbol que hace las veces de guardia de seguridad.

Sería en otros tiempos o sería un mito; ahora no hay nadie que controle y entro. También advierten en esos foros de que en el es muy difícil pasar del primer piso. Hay burdeles en las cuatro plantas, pero llegar a la segunda es casi misión imposible.

Hay al menos seis. Me miran mal y el ambiente es hostil. Una chica rumana me tira de la camiseta. No son ni las diez de la mañana, pero ya huele a alcohol. Salgo y subo las escaleras a toda prisa mientras la rumana de antes me dice algo en su idioma. Sólo hay un piso abierto. Pero ahora muchos han cerrado. Se disculpa porque sólo tiene una chica disponible y me pide que la vea sin compromiso. Así funciona este edificio: Sale una joven mulata adormilada, le digo que me lo pienso y que ahora le diré algo, la chica vuelve a su cuarto y yo me quedo un rato hablando con la madame.

El de Delicias, entre un bar y un bazar, abre las puertas de 9 de la mañana a 10 de la noche D. Cansada de estar en el centro de mira, empieza a gritar: Unos hombres mayores de 60, recostados sobre la fachada de lo que fueron los Cines Luna, interceden en su favor.

Son 'Coco' y José Antonio, que redondean su desaliñado aspecto con un transistor en el que suena Gardel.

Sigues preguntando y las versiones se disparan en todos los sentidos. Ellos se han encargado de convencer a vecinos y dueños de locales abandonados para que se establezcan actividades alternativas en el barrio. De su mano han nacido tiendas de diseño con servicio de 'personal shopper', talleres de cocina en los que se organizan eventos o restaurantes con sofisticadas recetas que dotan a la zona de la personalidad que ha perdido la uniformada Gran Vía.

Incluso los hostales se han transformado. El de la calle Ballesta ha pasado de amontonar camastros en el suelo para toxicómanos y prostitutas a centro luminoso para turistas. Y una cosa lleva a la otra. Y es cierto que ya no se respira la inseguridad de antes. Incluso tienen 'espías' entre los vecinos. Una mujer de la Europa del Este que no supera los 40 confirma, apostada en la vía Resina, que ése es el precio que se paga por el sexo en Marconi.

Desde los 10 a los 25 euros. Y mientras lo cuenta, se apea de un vehículo una jovencísima y bella mujer rubia de ojos azules. Prefiere no pronunciar una palabra. La Policía Nacional de Villaverde confirma que la zona es peligrosa para estas chicas, mayoritariamente del Este de Europa. La actividad es continua durante las 24 horas.

Dos locales de alterne te reciben. No te dejas impresionar. Pocos pasean por allí en plena tarde. En un Madrid complicado, en plena transformación. Hace unos años la trasera de Gran Vía era territorio comanche, hoy modernos y comerciantes se empeñan en rescatarlo.

Las chicas llevan años aquí y por la noche duermen muchos mendigos y se ven trapicheos. Hombre, peligroso no, pero agradable, tampoco. Sus palabras no tranquilizan. Llegas a la Plaza de la Luna y la cosa no mejora. Multitud de locales abandonados. Paso a paso, sin embargo, va haciéndose la luz. Una luz rara, atípica. Hace tres años que los comerciantes y vecinos de la zona trabajan para borrar del mapa las estampas de toxicómanos vencidos por sobredosis en plena calle.

Antes nadie se atrevía a pasar por aquí. Es el presidente del Foro Cívico Gran Vía, asociación de vecinos que en , cuando las noticias de apuñalamientos en la zona no sorprendían, lideró las protestas por el cambio. Bueno, sí, pero no tanto. Eva, una de las mujeres que trabaja en la plaza, dice que no se piensa ir de allí. En ese rato veo entrar hasta a cinco hombres al edificio.

En los foros de prostitutas que los hay y con una cantidad de información ingente sobre el sector avisan de que en la puerta del hay un tipo con un bate de béisbol que hace las veces de guardia de seguridad. Sería en otros tiempos o sería un mito; ahora no hay nadie que controle y entro.

También advierten en esos foros de que en el es muy difícil pasar del primer piso. Hay burdeles en las cuatro plantas, pero llegar a la segunda es casi misión imposible. Hay al menos seis. Me miran mal y el ambiente es hostil. Una chica rumana me tira de la camiseta. No son ni las diez de la mañana, pero ya huele a alcohol.

Salgo y subo las escaleras a toda prisa mientras la rumana de antes me dice algo en su idioma. Sólo hay un piso abierto. Pero ahora muchos han cerrado. Se disculpa porque sólo tiene una chica disponible y me pide que la vea sin compromiso.

Así funciona este edificio: Sale una joven mulata adormilada, le digo que me lo pienso y que ahora le diré algo, la chica vuelve a su cuarto y yo me quedo un rato hablando con la madame.

El de Delicias, entre un bar y un bazar, abre las puertas de 9 de la mañana a 10 de la noche D. También me dice, con poca convicción, que las chicas no viven allí: También me dice que cada burdel es independiente de los otros. Yo le pregunto que por qué y ella me dice que porque así es la vida. Que si me interesa la chica. Ya le estoy haciendo demasiadas preguntas. Salgo y subo al tercer piso. En el tercero también hay una sola puerta abierta.

Tiene un cartel en chino, escrito a boli en una hoja de libreta. Pero en la puerta hay una señora colombiana que me atiende. Se conoce que es cliente habitual, porque lo reciben casi con honores de jefe de estado. Yo aprovecho la confusión y me largo. Dentro distingo hasta tres voces femeninas con acento latinoamericano.

Decido no entrar; ya sé lo que me voy a encontrar. El es otra cosa. Para empezar, en la puerta hay dos ecuatorianos que hacen de seguridad, de guías para los clientes y de recaderos para las prostitutas. Yo decido subir por las escaleras para ver qué me encuentro, pero no hay ni rastro de prostitutas agresivas. Cada piso tiene una sola puerta y hay que tocar. Pasas, se presentan y decides.

Tiene 5 pisos y guardias de seguridad clandestinos en la puerta Moeh Atitar. Le digo que yo no venía a tener sexo sino a hablar. Me dice que bueno, que algunos lo hacen. Yo le aclaro que no es sobre mis penas, sino sobre su trabajo.

Se encoge de hombros y me dice que si le garantizo anonimato, no le hago fotos y le pago, que vale. Se hace llamar Helen, tiene 27 años, es paraguaya y tiene dos hijos, los dos en su país.

En este edificio, al contrario de lo pasa en el , todos los burdeles son del mismo propietario , un ecuatoriano que tiene otras casas por Madrid.

Helen estuvo antes en un hotel de carretera, pero le obligaban a pagar casi euros diario por la habitación y la comida. Pero tener a los chicos de seguridad abajo da mucha tranquilidad. Algo que no pasa en el , donde el fuerte olor a rancio es uniforme en todo el edificio. El funciona desde hace unos siete u ocho años, le han dicho. Yo no llegué a verlo. Aquí no hay peleas. A los clientes también les da mucha calma ver que hay alguien de seguridad. Pero al tratarse de un negocio soterrado y en manos de mafias, nadie va a poder reclamarlo.

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Los precios que se pagan por sexo son abismales dependiendo de la zona donde se compre el cuerpo. Es otra respuesta a la demanda existente", señala Rocío Nieto. La ley tipifica en su artículo Tiene un cartel en chino, escrito a boli en una hoja de libreta. El incremento de las denuncias, aseguran desde Apramp, se debe a la información y a los planes contra la trata de mujeres. Allí compraban propiedades inmobiliarias a costa del sufrimiento de las esclavas. Los vecinos recogieron firmas y se cerraron muchos de aquellos clubes, que luego volvieron a abrir pero ya como restaurantes y comercios normales".

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